viernes, 5 de diciembre de 2014

Debilidad

Cuando recién me despierto me siento débil, como si tuviera menos fuerza no se por qué, además de asustada y todo eso porque siempre tengo pesadillas, pero lo más molesto es esa debilidad que no me deja abrir botellas o abrir cajones muy cerrados.
Es esa misma debilidad la que siento a veces, como la mayor parte de esta semana, no he hecho casi nada, he estado la mayor parte del tiempo sola y solo he salido dos veces de la casa, sin contar que no he escuchado nada de música. Toda esa soledad me deja sin ánimos de nada y de estar más sola aún, las cosas con mi novio no van bien tampoco, así que mientras más lejos esté de él es mejor para mi y según veo para él también.
Recuerdo que en mis meses de oscuridad, podía pasar horas quieta en la cama con la luz apagada, también estaba sola así que a nadie le importaba, aunque de todas formas si no estaba sola no les importaba mucho tampoco.
Hoy he estado casi todo el día bien, hasta me cocine un poco de pollo y me lo comí, que es aún mayor esfuerzo, pero he notado que en ciertos momentos del día esa debilidad ha vuelto, curiosamente es después de hablar con mi novio, o más bien después de que él me diga sus usuales pesadeces, que últimamente es todo lo que dice, es como si siempre estuviera enojado conmigo, a pesar de que no ns vemos en casi una semana y a penas intercambiamos un par de frases en el día, principalmente porque me da (literalmente) miedo hablarle, ya que sé que me tratará mal si digo algo que no le guste, pero como pareciera que nada de lo que digo le gusta termino sin decir ni una palabra.
Me sigo preguntando qué quiere de mi, si tanto odia mi forma de ser, tanto le desagrada lo que digo, tan poco le cuesta herirme y tan bien ignora mis lagrimas. La verdad es que pienso que me odia aunque diga que me quiere y se enoje un montón si llego a decir eso en voz alta.
Lo peor de todo es que aún me siento tan frágil e inútil, pienso en mi como un florero que una vez boté jugando con una prima en el living, pateábamos almohadas como si fueran pelotas y una le llegó al florero, la verdad sabíamos que mi mamá no diría nada, pero se sentía bien haber echo algo malo y tratar de esconderlo. Lo llevamos a mi habitación y lo pegamos con lo que tuvimos a mano, luego salimos corriendo a la calle y botamos los restos cerca de la reja de mi casa porque nos daba miedo ir más lejos. Por supuesto que mi mamá notó el florero parchado, pero solo dijo que mejor lo botaba porque las cosas rotas y parchadas daban mala suerte. No lo botó a la basura y lo dejó donde mismo, pero el florero nunca se vió igual y de vez en cuando soltaba un polvillo o piezas mal pegadas.
Así me siento yo, creo que me quebré hace un tiempo y a pesar de que traté de mal-parcharme, nunca volveré a ser igual, ahora cualquier remesón me deja herida soltando polvillo y pequeñas piezas, todo lo que me dices me afecta el triple, lloro muchísimo más que antes y todo me da miedo.
Preferiría quedarme echa una bola, escondida en mi cama para que nadie me hiriera, no sería feliz, pero tampoco volvería a llorar.

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